domingo, 5 de febrero de 2012

Las Fiestas de Bella Vista de Guararé

Las Fiestas de Bella Vista


Con la llegada del año nuevo, hacia el 21 de enero se celebraba, por una parte la fundación del Distrito de Guararé y por otra, las Fiestas de Bella Vista. Era una forma de conmemorar dicha fecha histórica.

Unos días antes de las fiestas se construía la barrera de madera de árboles recién cortados para tal fin. Estaba ubicada entre las casas de Amado Bustamante, al norte; Arcelio Díaz, al este; Chenda, al oeste y la tienda de Alejandro Pinzón, al sur. Junto a su patio estaban los dos toriles. En el costado norte había un frondoso árbol de mango en cuyos pies se colocaban tres muebles de madera, que con la barrera hacían un rectángulo que servía de cantina.

En las primeras horas de la noche del viernes, se unían los conductores eléctricos para darle luz a la cantina. Frente a ella había una casa de quincha con una única habitación o sala que servía de salón de baile. Presentaba tres puertas hacia el sur y dos hacia el norte. Paralelamente a las paredes, había bancas largas de madera. Poco a poco, las bancas eran ocupadas por las muchachas y sus madres. Los jóvenes permanecían cerca o en la cantina tratando de aminorar su ansiedad o temor de que la joven escogida para bailar lo rechazara.

Ya los músicos: un acordeonista, un timbalero, un churuquero, un guitarrista, un tumbero y la cantante estaban en los alrededores y sus instrumentos en el lugar adecuado. Un ayudante colocaba cuatro bocinas tipo campana en las cuatro esquinas del salón y luego se escuchaba el “alo, alo, prueba, alo”.

Las muchachas masticando chiclet`s miraban hacia donde estaban los varones para estar seguras de que el parejo ya había llegado. Tal vez, la compañera o la mamá le decía, allá está fulano.

Un fugaz volador surcaba el aire y dejaba escapar tres detonaciones que entusiasmaban a la gente y recordaba a los lejanos que la fiesta iba a comenzar: eran “los fuegos”, una serie de fuegos de artificio que se repetían por algunos minutos y que hacían también correr a los niños para tomar las varas o los paracaídas que el viento se llevaba. Oficialmente, la fiesta había comenzado.

Repentinamente, el guitarrista sacaba de su guitarra unos acordes, el timbalero daba algunos golpes al cuero y el acordeonista buscaba en sus teclas la primera pieza. Finalmente, el conjunto iniciaba sus interpretaciones y crecía la ansiedad de las muchachas, pensando si la sacarían a bailar o que la mamá le hiciera una señal de que no aceptara, por su parte, los varones levantaban la botella de cerveza o el trago y otros aspiraban el cigarrillo. Primero, había un tiempo en el cual nadie salía, luego una pareja bien entrenada rompía el hielo y poco a poco se iba llenando la sala.

El muchacho entraba y observaba a las muchachas sentadas en las bancas y al decidirse, tembloroso le extendía la mano que era correspondida por la dama. También podían comenzar con alguna conocida o que mostraban con sus movimientos rítmicos el compás de la música y de esta manera comenzar con el pie derecho.

Todos sabían que si en el intento fallaban, era posible que ninguna de las allí cerca le aceptaran la petición.

Un o dos hombres con engrapadoras en mano y un “tac” en su boca y otros en el bolsillo de la camisa, se acercaba a la pareja, que a primera vista disimulaban no haberlo visto y le engrapaba un “tac” en el cuello de la camisa y mientras se dirigía o otra pareja, les decía es un dólar. Luego de colocarle el distintivo a otro bailador y cobrarle, regresaba y tomaba el dinero y la pareja continuaba bailando.

Hubo por algún tiempo la costumbre del “pichón”. Los más tímidos o el novio de la joven, esperaban a que alguien las sacara a bailar y luego se acercaban y le decían “pichón”, el caballero accedía y perdía la pareja o en algunas ocasiones se rehusaba y se formaba una pelea. De los alrededores se acervan dos policías con sus toletes en mano y trataban de darle solución pacífica al suceso o en la peor de las veces tomaban al agresor y lo colocaban en el “cepo”. Eran dos maderos que podían cerrarse y aprisionar las manos y pies, dejando inmóvil al agresivo o borracho



El sábado o día siguiente, al medio día la gente llegaba poco a poco bien ataviada para presenciar la corrida de toros. De pronto, una madre corre con sus hijos al ver a lo lejos la polvareda que generaban las reses que a toda carrera se acercaban a la barrera. Varios jinetes se adelantaban al ganado y como si fueran una muralla desviaban a las reses hacia la puerta de la barrera, al lado de la tienda de Alejandro. Al principio, los vacunos líderes se mostraban indecisos o temerosos de ingresar en ese cerco de madera y de personas, pero, por la acción de los jinetes y gente de a pie, entraban y formaban un grupo compacto en el centro del rectángulo. Algunos niños le tiraban piedras, pedazos de cáscara de madera y uno que otro los retaba para torearlos y alguna res aceptaba el reto, haciendo que los provocadores saltaran a lo alto de la barrera y el ganado se comportara más nervioso aun.

En el ambiente ya se oían gritos de los que estaban en la cantina, el niño pidiendo un raspao que vendía Uva Nuñez o un helado de Modesto o la madre le decía al niño vamos a la tienda por unos Chiclet`s, unos queques o los merengues o quizás rosquetes. Había un olor a madera cortada con su resina amarillenta y pegajosa, polvareda, relincho de caballos, salomas y gritadera bajo en mango.

Después de algún rato, varios hombres ingresaban al ruedo y colocaban las cañazas que servían de puerta a uno de los toriles y luego incitaban a los vacunos a ingresar al otro toril, el ganado se rehusaba, pero al final entraban en tropel, como tratando de entrar todos a la vez.

Se alegraban las personas y pronto aparecía el primer toro, corría hacia la entrada y luego seguía trotando junto al cerco hasta que Carlos González y Melky Culebrilla u otros toreros lo interceptaban con su capa y envestía o se alejaba, buscando una salida, a veces metiendo la cabeza entre los maderos y con ello creaba el temor en las mujeres cuyos gritos le daban un sublime tono festivo al acontecimiento. Se le concedía un término para que se toreara a la res y luego se trataba de meterla en el toril, si no respondía, un vaquero con su lazo trataba de atarla, ante cada fallo se llevaba la burla de los asistentes, una vez amarrada, pasaba la cuerda a los del toril y entre todos la hacían ingresar al toril vació.

Así transcurría la tarde y hacia las 4:30 llegaban los estudiantes de la escuela Juana Vernaza después del último examen final del año; con la fiesta se iniciaban las vacaciones que finalizaban en el mes de mayo. Repentinamente, un perro entraba al ruedo y se formaba un alboroto con el pobre animal hasta que lograra salir por alguna abertura. Muchas veces se escuchaba una madre llamar a su hijo, un poco tomado o bien varios hombres lo obligaban a salir de la barrera. También, muchos se llevaban la burla cuando eran alcanzados por una res o corría desesperadamente huyendo del animal, mientras que éste había dejado de seguirlos.

Hacia las cinco y media, aproximadamente, ya un toril vacío, se abría el otro y el ganado salía al centro, para luego, cuando se retiraban las cañazas de la puerta de entrada, salir en estampida en dirección a su potrero dejando una polvareda en la calle de tierra de la comunidad y el ladrido de perros que los seguían; ahora sólo se requería de una persona para que llevara a las reses y les cerrara la puerta del potrero.

La gente comenzaba a retirarse para sus hogares y a prepararse para la noche. Algunos niños iniciaban dentro de la barrera un juego de toros, reflejando lo que acaban de observar en las horas de la tarde.

Así lucía la calle de tierra en Bella Vista

La fiesta continuaba en la noche con otro baile y el domingo nuevamente los toros y el último baile en la noche. El lunes se podía apreciar un poco de basura, madera tirada y esa plaza convertida en una capa de tierra suelta.

Días después, sólo se apreciaban los huecos vacíos donde se enterraron los troncos y en mayo, la lluvia cubriría la tierra de hierba para esperar un año para la nueva fiesta de Bella Vista.







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