domingo, 20 de noviembre de 2011

La Carreta, un transporte económico y ecológico.

La Carreta de Bueyes


¡Muchachos, viene papa Ezequiel por donde Mito, vamos a toparlo!

Y a toda carrera partíamos hacia la curva del camino con las últimas luces de sol. Llegabámos a la parte trasera de la carreta, al mismo tiempo que escuchábamos un “¡Hombe,… essa!” y con un tirón de los “narigones”, cuerda que va atada a un aro incrustado en la nariz, los toros detenían la carreta. Los más grandes subíamos primero y luego ayudábamos, colgándolos por los brazos a los otros. Ya sentados en el “cajón” o vagón, el abuelo nos ordenaba sentarnos y agarrarnos bien, como si fuésemos a ir a gran velocidad, sin embargo, las entrañas parecían desprendérsenos ante cada piedra o hueco que hacía que la sólida rueda de moro y recubierta con hierro despidiera un golpe seco en su monótono girar.

Antes que papa Ezequiel detuviera la carreta, saltábamos de ella ante el regaño del abuelo. Él se bajaba y colocado frente a los bueyes, les daba una mazorca de maíz y comenzaba a soltar el “Balsón”. la cuerda que ata la “lanza” con el “yugo”. La “lanza” caía lentamente hasta el suelo, luego tomaba el extremo de la cuerda y lo enrollaba y lo colocaba sobre el “yugo”, haciendo un nudo simple. Acto seguido, se paraba frente a uno de los toros e iniciaba el proceso de desenrollar, parcialmente, la correa de cuero que sujeta al toro al “yugo”, y que se ata aprovechando la forma de los cuernos. Después, realizaba el mismo proceso con el otro buey y volvía a repetir el complemento de la acción en el primer toro y después en el segundo, así, el “yugo” quedaba suelto de los dos bueyes al mismo tiempo. Este pedazo de madera era un poco pesado.

Posteriormente, tomaba los bueyes y les daba de beber en un balde, primero bebía el más agresivo. Finalmente, los llevaba a un pastizal, donde pasarían la noche para luego continuar tirando de la carreta al día siguiente.

Cuando regresaba, tomaba la “lanza” y todos corríamos a ayudarle a meter la carreta a la “lima” o anexo donde la libraba de la interperie. Sobre el “cajón” colocaba el “yugo” y la “garrocha”

Quizás, alguno de nosotros le preguntamos, “quién hizo esta carreta, Abuelo”?

Me la hizo mi hermano Carmen Bustamante, aquí al lado de la casa.

Don José del Carmen Bustamante Díaz era hermano de Ezequiel y por eso le decíamos “Tío Carme”. Fue mejoranero, violinista y fabricante de carretas. Recordamos, la “lima” o taller de Carmen Bustamante: techo de tejas y madera, el piso de tierra suelta llena de astillas de moro y fibras en forma de espiral, producto del cepillado a mano. Ese suelo suave era propicio para construir carreteras y jugar con los pequeños trozos de madera, los cuales los convertíamos en carros de juguete con nuestra imaginación.

La carreta surgía de un trozo de árbol de moro y tablas y listones de cedro, labrado todo con instrumentos manuales: cepillo, taladro, hacha, sierra de Cacho, serrucho, escofina, formón, etc.

Del tronco de moro se cortan dos trozos de cierta medida utilizando un serrote que la manejan dos hombres. Es un trabajo de horas por la dureza de esa madera. Una vez, desprendidos los dos pedazos del tronco se redondea con un hacha y luego pasa al torno. El torno consiste en una polea pequeña de hierro que era movida por “Concho”, un personaje mudo de buen corazón. “Concho” hacía girar una enorme rueda que se comunicaba con el torno a través de una larga correa. El tronco se colocaba entre dos aguijones de hierro y con formones se le iba dando la forma y el tamaño, para fabricar las dos “manzanas” o parte central de la rueda. De la madera de moro también se confeccionan los radios o “rayos”, que se incrustan en la “manzana” en unos agujeros rectangulares que se perforan, primero con un taladro y luego se afinan con el formón. Esta perforación debe tener una particularidad, el “rayo” tiene que llevar una inclinación determinada para que la rueda le dé estabilidad a la carreta en todo tipo de terreno. El “rayo” se labra con hacha, seguido, se le da mejor acabado con la escofina y luego con el cepillo y lija. Los “rayos” se incrustan en otras piezas de madera de moro, las “curvas”, las cuales le dan lo circular de la rueda. En estas “curvas” se coloca un aro de hierro. Éste debe calentarse al rojo vivo para que encaje en la madera y mantenga las “curvas “unidas una vez que se enfríe.

Como el eje de hierro atraviesa la “manzana”, es necesario taladrar un agujero con un “ taladro de cacho”, perpendicular a las perforaciones para los “rayos”.

Poner al rojo vivo la lámina de hierro es un trabajo muy fatigador, laborar cerca de un círculo de madera ardiendo, tomar con ganchos el aro de hierro incandescente y colocarlo de la manera correcta antes que se enfriara y evitando que quemaran demasiado las “curvas” de la rueda.

Hay una anécdota de Don José del C. Bustamante: cuando preparaba los maderos en círculo para quemarlos al día siguiente, esperaba que fuera un día soleado. Existe una creencia que el mochuelo cuando canta con un sonido como “sol, sol, sol” está indicando que hará día de sol y cuando su sonido parece decir “chorro, chorro, chorro” es que va a llover. Si esto último sucedía, José del C. buscaba un biombo o resortera y trataba de matarlo o alejarlo de allí.

Para el “cajón” o vagón se cortan tablas como de media pulgada de grosor y del largo del “cajón” con serrucho, utilizando troncos de cedro. Varias tablas sirven de fondo y dos laterales, de barandas, se usan para cerrarlo y se colocan dos ángulos de hierro para mantenerlas firmes. También, otras dos tablas verticales que encajan en las anteriores y que sirven como de puerta porque se pueden quitar y que además, cierran el rectángulo o “cajón” de la carreta.

Todas las tablas van clavadas a un armazón de cedro, en cuya base va colocada una barra de hierro y que sirve de eje para ambas ruedas, sujetas con dos tuercas metálicas. Cuando la carreta retrocede por varios metros, estas tuercas se aflojan y las ruedas se salen.

Debajo del armazón también va la “lanza”, un madero cuadrado y del largo que permite abarcar del extremo posterior de la carreta hasta la cabeza de los bueyes. La “lanza” se amarra con una soga al “yugo” que va colocado en la cabeza de los toros.

Las carretas han sido el vehículo de transporte de carga y también de pasajeros en la provincia de Los Santos. En ella se cargaba desde arena de la playa hasta una mudanza. Para cargas que sobrepasaban la altura del “cajón” se añadían varas o cañazas. También se acondicionaba con una cubierta para proteger a los pasajeros de la lluvia o el sol en algunas ocasiones.

El rol de los bueyes siempre ha sido muy doloroso, imaginémonos una carreta llena de arena húmeda a través de la playa, de una pesada carga cruzando lodazales, donde el lodo llega hasta cerca de la “manzana”. Son muchas las historias de situaciones en las cuales fue necesario traer otras yuntas para sacar una carreta atascada en estos pantanos. Para un dueño de carreta los bueyes eran un preciado tesoro, pero la garrocha era el instrumento que le permitía al carretero guiar en una dirección o para apurar el paso, por eso siempre en los flancos de los bueyes podían contarse las marcas del clavo cuando se les pinchaba.

Se cuentan los largos recorridos que efectuaban los carreteros para llevar sus cargas. Del mismo modo, carretas que se volcaron en laderas muy inclinadas.

Toda estas historias han sido producto de la creación de la carreta, labor realizada por José del C. Bustamante y de su hijo José “Papi” Bustamante en Bella Vista de Guararé. Cuando observo como traen las carretas al Festival de la Mejorana, recuerdo cuando los vecinos de Paritilla llegaban con un camión a retirar las carretas ya confeccionadas. Otros de lugares más cercanos traían sus yuntas para llevarse la carreta, estrenándola orgullosos, tierra adentro.

La iniciativa del hombre sencillo contribuía al equilibrio ecológico, utilizaba los recursos de manera racional, mientras que las manos estaban siempre cerca de su cabeza: todo era hecho a mano, sin contaminación.

No hay comentarios: